lunes, 15 de septiembre de 2008

14 de Septiembre (I) - El cuervo vencedor

¡Ya estoy en Kyoto! Este es el segundo día de mi viaje. No he tenido ocasión de acceder a internet antes -hay un ordenador en el hotel, pero tiene el teclado en japonés... ugh.

Ayer fue un día muy largo. Me obligué a caminar y a no parar de hacer cosas, para habituarme al jet lag lo antes posible. Llegué a Kyoto a media mañana después de varios viajes en tren desde Nagoya. Es muy fácil apañarse con los transportes, a pesar de que es imposible leer la ruta en los mapas. Da casi risa... ¿dónde voy a aparecer? Estoy tranquilo y lo estaré aunque me pierda, no tengo miedo.

Empecé a caminar desde la estación central, crucé el río Kamo y lo primero que encontré fue el templo Sanjusangen. Es un pabellón larguísimo de unos doscientos metros; unas tres cuartas partes del pabellón son unas gradas de modo que sólo puedes andar por un pasillo. Sobre las gradas se encuentran decenas, centenares de budas de metal de tamaño humano (hay 1001), cada uno con varios brazos... no me esperaba algo así. En en centro del pabellón hay un buda mayor; y sobre este buda otro buda, y sobre este otro, como diciendo que más allá de buda sólo está buda. Los múltiples brazos abarcan las gradas del templo y los budas; pero en el centro sólo hay uno sobre una única y enorme flor de loto.

La comida del día fue en una barra desplazante de sushi. Es de lo más divertido y además muy barato. ¡Me salió toda la comida por el precio de la cerveza!

De camino al Templo del Agua Pura decidí subir por el antiguo cementerio, como sabiamente me proponía la guía. Las tumbas son apenas unas estelas de piedra sobre las que revolotean cuervos enormes y lustrosos. El camino te lleva intercalando los bosques de la colina oriental de Kyoto con el bosque de piedra de las estelas funerarias.






El templo del agua pura estaba abarrotado pero es gratamente sorprendente ver los esfuerzos que hicieron para integrar la belleza de la naturaleza con la construcción del santuario. Tras la visita, recorrí la colina al atardecer, donde hay varias pagodas y templos más, mientras entraba poco a poco en el distrito de Gion, residencia tradicional de geishas protegido por los celosos cuervos y sus graznidos casi humanos.



Me pasaron más cosas este día pero las contaré en otro post...

1 comentario:

Esperanza dijo...

Corazón, qué alegría leer tus impresiones. Qué facil lo haces, cuando leo tus lineas te veo allí. Disfruta la experiencia, hijo.
Vuelvo esta noche a casa, estoy en Ávila. Todo precioso pero demasiado movido, hemos recorrido muchos paradores. Ya te contaré.
Muchos besos hijo