lunes, 22 de septiembre de 2008

21 de Septiembre - Día luna, día pena

Lo digo porque se pasó el día entero lloviendo. Esta vez Buda no me favoreció y a pesar de que madrugué para poder ver Mijayima tranquilamente, cayó tal tromba de agua que cerraron el teleférico, y apenas si pude ver el santuario Itsukushima frente al Torii. Qué le vamos a hacer, al menos la noche anterior sí me dio tiempo a verlo todo, iluminado y con la marea alta.

Con este tiempo que acompañaba, me trasladé a Hiroshima, donde tomé el tranvía para visitar el Parque de la Paz y el Museo dedicado a las armas nucleares. Desde que pones el pie junto a la cúpula que se conserva junto al punto cero de la explosión ya tienes un nudo en la garganta. Da que pensar, qué es lo que pasaría por la cabeza de las personas que cumplieron con la orden de dejar caer la bomba, y lo que habría hecho uno si hubiera vivido en su lugar. Nadie está a salvo, para que nuestra civilizacion avance, cada hombre debe ponerse siempre a prueba, debe estar siempre alerta. La duda debe estar siempre presente; preguntarnos qué cosas dejamos pasar, inadvertidamente, a propósito o engañándonos a nosotros mismos, que nos alejan de una mayor consciencia como seres humanos.

Desde luego que la lluvia encajaba con todas estas reflexiones. Hiroshima tiene poco más que ver. Cogí el tren para Tokyo y pasé casi cinco horitas en el tren, en lo que es el trayecto más largo por tren de mi viaje. Finalmente a eso de las siete, ya de noche, llego a Tokyo y me desplazo a Ueno. La salida de la estación era una escena sacada de una película de ciencia ficción. La lluvia era atronadora en una cortina traslúcida y densa, e incluso bajo las vías del tren caían grandes chorros intermitentes. Los pivotes rojos e iluminados estaban desperdigados por todas partes, con obreros enfundados en monos trabajando y dirigiendo el tráfico en un caos ordenado. Sobre los bosques de paraguas transparentes se reflejaban los neones de los edificios y los callejones iluminados rebosaban gente. Y eso que es Ueno, una zona supuestamente "tranquila". Yo estaba con una sonrisa de oreja a oreja, y es que en Japón dan ganas de perderse. Ya lo he intentado varias veces sin conseguirlo..

Cené como un rey, está siendo un viaje gastronómico excelente. Sigo siempre que puedo los restaurantes que recomienda la Lonely Planet, que no son ni muy caros ni muy baratos, y para nada turísticos (no como los de China el año pasado...). Lo jodido es encontrarlos, no suelen tener carteles en inglés, y ahora en Tokyo hay muchas cosas que no están a nivel de la calle.

Empiezo en Tokyo un nuevo viaje, esta vez al Japón moderno por medio de una de las mayores megalópolis del mundo.

2 comentarios:

esperanza dijo...

Comprendo tus sensaciones, hijo. Has sido muy valiente, acercándote a Hiroshima. Yo creo que no hubiese podido ir.
Espero que la lluvia deje de caer, al menos torrencialmente.
Ya veo que Tokyo te fascina, bueno, pues disfrútalo. Lo tienes a tu alcance
Un besazo

Isma dijo...

Bueno, supongo que una visita asi es algo que todo el mundo debe hacer si tiene la oportunidad de ir a Hiroshima. Sucesos asi no deben olvidarse.